A Beppo

(Jacinto Mañas)
Fuente: Revista de Feria de 1991

La última vez que bajó del tren en Montoro fue inolvidable. Se presentaba de improviso, con su típica indumentaria (boína y gabardina incluidas) con sus juveniles faldas, según la época del año. Marchamos a la fonda y le ayudé a deshacer el equipaje; aparte de ropa, los útiles de su profesión y libros, siempre libros. Llevaba la célebre biografía de Mazarinos, las memorias del Cardenal de Retz (todo en francés), así como las poesías completas de Fernando Pesoa y un ensayo sobre la Princesa Palatina titulado: Una alemana en la corte de Luis XIV. Me pregunto de seguido si conocía la revista granadina Selene, que dirigía José Lupiáñez, donde habían salido los Poemas del Cuerpo.. toda esta inquietud y apresuramientos a sus 82 años, así era Beppo.
Su cultura era prodigiosa sin alardear de ello... Horacio, Virgilio, los moralistas franceses, Montaigne en especial... Samuel Jonson: Ella era superconservadora en arte y feroz antifeminista, de una femineidad, elegancia y belleza muy británicas, a pesar suyo. Copn voracidad de tigresa marcaba su territorio, allí no entraba mujer alguna, teníamos problemas por ello; sólo sus amigos. En lo moderno Sthedal, Prouts y Joyce, a quién conoció, lo demás como ha dicho acertadamente Rubén Caba, confusión y tururú. Participaba de la inteligencia de un Newton, de la sensibilidad de un Shakespeare, compatriotas suyos, a fin de cuentas.
Se cubría de una máscara de malhumor y lenguaje altisonante. Tras ella la delicadeza, la dulzura más entrañable; la terrible soledad y timidez del ser humano, del animal herido, tembloroso, esperando que lo rematen. Era contradictoria, la imagen viva del vitalismo y la alegría. Nos enseñó cómo pasar la vida sin un puto duro pero buscando la felicidad y consiguiéndola, a base del más elemental ascetismo, no desear nada, no tener nada, sólo amigos (ya es bastante). Era el emblema, el victorioso paradigma de la libertad, más aún que el divino Marqués. Todo esto representaba Beppo para sus amigos.
Murió un cinco de febrero, lo que referido a ella, ya es mucho decir. Su alma retozará transmigrada por una arboleda de olivos, en alguna gacela de sus bosques andalusíes "cierva del alba, luz de mi persona", recordando al poeta. Como la gran diosa hindú de innumerables brazos, pero sin su crueldad, tendía un puente hacia sus amigos-adoradores, abrazándolos. De aquella impasibilidad, de aquella esfinge sobre humana emanaban la belleza, la libertad, la cultura, la vitalidad y la alegría ya referidas que nos transfundían, enalteciéndonos, sublimándonos. Yo fui uno de ellos: ¿Cómo no quererla? ¿Cómo no recordarla?.

Beppo

(Camilo José Cela)
Fuente: Revista de Feria de 1991

Esta inglesa pasada por el Mediterráneo y por los olivares andaluces, aficionada al cante jondo y espectadora atónita, cuando no actriz apasionada, de la más negra España de los curas vestidos de enterradores o de huertanos levantinos, de los banderilleros con cara de apóstol burro -¡y que burro cumplido!- de los verdugos que todavía no han perdido la afición al oficio, como quería verlos don Pepe Solana, resulta que pinta, a la acuarela y delicadamente, la otra España, la de los árboles y graciosos, los almendros y los avellanos de una mar, los castaños y los robles de la otra y, en medio, las sierras de pocos pinos y anchos horizontes de los que borran los hombres y las arquitecturas, esas dos manchas, no siempre artísticas ni habitables, pero ¡ay¡ inevitables y amargas.
La pintura de Beppo es la espontánea y más inmediata imagen de Beppo esa mujer hecha de violencia y ternura, a partes iguales, llevada al cuadro sin más preocupación que la de vaciar su espíritu de posos malignos y contaminadores; en ello se respira aire libre, pero no del todo, aire de colmado que se quedó -nadie sabe por qué- con una ventana abierta sobre el mundo en que los pájaros vuelan y se aman, los lagartos toman el sol y se aman y las flores se mecen al vientecillo fresco de la mañana y, sin que nadie lo sepa, se aman también y muy apasionadamente: la rosa que ama en francés, la amapola que arma en portugués, el clavel de aire que ama en griego, la adelfa que ama en italiano, y así hasta el fin de los amores y de las flores.
Beppo aprendió a pintar en tres manantiales de muy claras aguas (no cito por orden): París -y sus amigos Pascin, Léger, Derain, Soutine, el escultor Brancusi..."-, su circunstancia personal, ¡qué bien hubiera estado Beppo de favorita del último emir de Almería!, y el ritmo de la naturaleza que no se cansa de mirar, del agua y del vino de esas fuentes bebe y se nutre la pintura de Beppo, sus acuarelas y sus vinorelas por las que corre el luminoso instante que va tejiendo la hebra de la túnica de la vida, leve como una nubecilla, un suspiro o un mal pensamiento.
Beppo es pintora que no se prodiga, que no hace demasiadas Exposiciones; yo creo que acierto, porque los pintores que se pasan la vida pintando y exponiendo, suelen ser muy latosos y grandilocuentes, muy chinchorreros y tecnócratas. Cada cual se gana la vida como puede.

Las Puertas Diptilas de la Parroquia de la Inmaculada Concepción

(José Luis de Lope y L. De Rego)
Fuente: Revista de Feria de 1991

Si bien la parroquia de San Pedro, se construyó en 1537, cincuenta años después, es decir, en 1587 de los 696 habitantes que tenía Aldea del Río, se pasó a 3368 habitantes en 1850. Es decir, se había quintuplicado la población.
El desarrollo económico por estos años es fulminante, y la industria textil (los famosos paños y el batán) el calzado (albarcas), la industria agrícola con ocho molinos aceiteros, cinco bodegas de aceite y una aceña o molino harinero de siete piedras de cubillo, así como la importancia de la ganadería, hacen vivir a los villarenses unos años de prosperidad y esplendor.
El auge es tan espectacular, que en sólo veintiún años, es decir, en 1871, la población ha aumentado en cerca de mil habitantes (4.350 h.) , y se han construido siete nuevas calles y trescientas nuevas casas.
Por todo ello es fácil comprender que la vieja Parroquia de San Pedro, construida en el Castillo, se halla quedado pequeña y era insuficiente.
Esto unido al mal estado en que se encontraba, como consecuencia de los daños causados por las sucesivas avenidas y riadas del Guadalquivir, especialmente la catastrófica de 1821, que derribó 83 casas y dañó a más de cine, fueron los motivos por los cuales se pensó, había llegado la hora de construir un nuevo templo más espacioso y acorde con el resurgir económico de la villa.
Por todo ello, el Cabildo Eclesiástico del Obispado de Córdoba encargó el proyecto de construcción de la nueva Parroquia de la Inmaculada Concepción al arquitecto diocesano D. José Moreno de Monroy, en el año 1867.
La memoria del proyecto dice: "Construcción de una iglesia de nueva planta en el solar del edificio número 14 de la calle de los Mesones (hoy Fuensanta). En su fachada se emplearán los materiales más económicos y abundantes de la localidad, economizando sus adornos. Su construcción será de hormigón y mampostería en el cimiento, sillería en el zócalo, ángulos, contrafuertes, pilares y arcos; mampostería con verdugados de ladrillos en los macizos de los muros; bóveda tapiada apoyada en los arcos de sillería, con una sencilla armadura en forma de A para la nave central y dos colgadizos "jabalconados" para los laterales. El decorado se reduce a una sencilla moldura en la cornisa e imposta".
Moreno de Monroy concibe el edificio en el estilo de moda del momento, es decir en el Eclecticismo Romántico o Neo-medieval del siglo XIX (1845-1893).
Recién fundad la Escuela de Arquitectura de Madrid (1845), y de igual manera que el estilo Neoclásico (1750-1850), volvió sus ojos hacia los monumentos de la antigüedad clásica: Grecia y Roma, un siglo después, el Romanticismo trae como natural reacción el interés por los estilos de la Edad Media, tales como el Románico, Bizantino, Islámico, Mudéjar, y muy especialmente el Gótico, denominándose Neo-gótico.
A nivel internacional causo una gran influencia la defensa que el arquitecto francés Viollet -le-Duc (1871) hizo del estilo Gótico en el libro sobre Notre Dame de París.
La exaltada espiritualidad romántica se entusiasma en resucitar las catedrales Góticas por doquier, por ejemplo en Córdoba, la Capilla del Pretorio, junto a la Diputación Provincial, de Amadeo Rodríguez (1873), que luego realizará Rafael de Luque y Lubián, o la Ermita de los Santos Mártires en la Ribera, de Felipe Sainz de Varade, al final de la centuria.
Pero los acontecimientos políticos y las crisis económicas de final del siglo XIX no permitieron una terminación rápida del templo.
Por ello las obras debieron ir con gran lentitud, y grandes paralizaciones, pues a los veintisiete años del proyecto, en 1894, se nombra a otro arquitecto, D. Alfonso Castiñeyra y Beloix, para rematar el proyecto de terminación de las obras.
En la memoria redactada por Adolfo Castiñeyra, se especifican tres fases de actuación en la iglesia, a la vez que se advierte el estado en que se encuentra la misma.
1. Terminación de la torre, cerramiento de la fachada principal el cornisamiento general del edificio.
2. Obras de terminación de las bóvedas, solerías, guarnecidos, carpintería y vidriera.
3. Construcción de alturas, herrería y decoración en general.

Castiñeyra modifica y mejora numerosas partidas de obra, el diseño en general, remates, elementos constructivos y arquitectónicos, etc., que por su complejidad y extensión voy a omitir.
Sólo señalaré, que Adolfo Castiñeyra, es uno de los grandes profesionales que crearon un verdadero arte con su arquitectura en Córdoba.
Es un arquitecto con gran dominio de la profesión que abarca todas las tendencias de la época: el Eclecticismo (1891-1903), el Modernismo (1903-1914) y el Regionalismo (1914-1925).
Cuando está terminando la parroquia de la Inmaculada Concepción de Villa del Río en 1907, está haciendo su obra maestra, la casa de Teófilo Álvarez-Cid, hoy sede del Colegio Oficial de Arquitectos, en la Avd. de Gran Capitán. Al año siguiente, proyecta el edificio para la Diputación y Gobierno Civil (1908) en la calle Alfonso XIII.
Trece años duraron las obras de terminación de la parroquia (1894-1907), que fueron rematadas brillantemente tanto exterior como interiormente, como puede observarse en la tarjeta postal del retablo de A. Martín, Editor- Barcelona "España Regional", núm. 8.052.
Este magnífico retablo así como numerosos altares, imágenes, viguería, etc., fueron pasto de las llamas, en el incendio provocado en la Guerra Civil de 1936, que comenzando por la sacristía, se fue extendiendo por la nave central, hasta la torre que haciendo de chimenea, fundió hasta las campanas.
Pero el motivo fundamental de este articulo, es señalar, que ya en el proyecto de Moreno de Monroy, y en todas las puertas de acceso al templo, se proyectaban unas columnas junto a las jambas; sobre los plintos existentes, a la manera de un templete diptilo, que embellecían sobremanera dichas puertas. No sabemos la causa por la que no se colocaron, aunque supongo que como en la mayoría de los casos, sería por razones económicas o falta de tiempo.
Sería una gran idea, y brillante iniciativa, ahora que contamos con la Escuela Taller de cantería de Montoro, labrar las seis comunas corintias estriadas y colocarlas en el lugar que fue preparado para recibirlas, como un acto conmemorativo de las efemérides de 1992.
Hace unos días, el Concejal de Cultura, D. Francisco Jurado Riveiro y D. Antonio Sánchez Carrillo, me comentaron la intención del Ayuntamiento, de arreglar el atrio de la iglesia, con materiales nobles como la piedra molinaza y los guijos del río, armonizando con el edificio, momento que aproveché para sugerirles la idea anteriormente expresada, prometieron que la haría llegar a nuestro electo alcalde D. Juan Calleja Relaño, a quien aprovecho para desearle los mayores aciertos en su nueva gestión al frente del Ayuntamiento.

Algunos Datos Históricos sobre Villa del Río

(Bartolomé Delgado Cerrillo)
Fuente: Revista de Feria de 1991.

foto

La historia de Villa del Río remonta a las más remotas culturas béticas; de los tartesios y de los túrdulos, ubicándose una de estas tribus en el antiguo poblado de Sissia, actual Villa del Río, y en la finca llamada de "Las Viñas", tal como lo atestiguan los restos arqueológicos encontrados, típicos de culturas ibéricas; leones ibéricos, ruedas de carro esculpidas en piedra, etc,.
Sobre el antiguo poblado de Sissia, los romanos siguieron construyendo, cambiándole el nombre por el de Ripa (ribera); de la época romana se conserva ese magnifico puente sobre el arroyo Salado, en la antigua Vía Romana, así como las aceñas o molinos hidráulicos de harina- que más tarde utilizarían también los árabes -sobre el Guadalquivir, en el noroeste del pueblo, y una fortificación en la margen izquierda del río sobre la que los árabes edificaron el castillo, hoy actual ayuntamiento.

foto

Ahora la evocación histórica nos lleva hasta le época visigoda, de la que se conservan restos aislados, como capiteles, lápidas, etc. Son sin embargo, los árabes los que mejor potencian la zona, estableciendo los primeros canales de riego y huertas alrededor del poblado, ampliando la fortaleza, que tenía dos torreones llamados de "Poniente" y de "Saliente", y construyeron en embarcadero bajo la misma.
Reconquistada esta zona por los cristianos, el rey Fernando el Santo cede esta fortaleza al capitán Diego Fernández Aguayo. Son pocos los datos históricos que podemos ofrecer con cierta seguridad a partir de esta época, dad la escasez de documentos escritos, que nos informen sobre las costumbres y la forma de vida de los antiguos habitantes de nuestro pueblo.
Dando un salto gigante en la historia de Villa del Río, llegamos a la época del rey Carlos III, con quien comienza la colonización de Andalucía, y este lugar, por su situación, se convierte en importante apeadero. A partir de entonces surgen las primeras casas de postas, donde e hacían los cambios de caballerías de refresco y se pernoctaba. Junto a estas posadas fueron surgiendo las primeras casas, formando, a lo largo del camino real de Sevilla, una verdadera aldea lineal. Era el primer embrión de Aldea del Río.
En el siglo XVIII, concretamente en 1749, se construye la ermita de nuestra Patrona, reedificada sobre el antiguo santuario que se construyó con los recursos del municipio y con los donativos de los fieles. En este siglo se edifica también la capilla de Jesús Nazareno, y en su último tercio un puente sobre el arroyo del diablo.
En el siglo XIX surge una floreciente industria textil y aceitera. Se construye un pósito o tercia decimal de grano y aceite, edificación singular de la arquitectura civil, así como la casa del Marqués del Valle de Sidueñas, de portada Neoclásica en piedra, la casa de los Marqueses de Monterreal, la casa de los Marqueses de Aguayo y otras tantas que aún hoy lucen en su fachada los escudos nobiliarios de sus antiguos propietarios.
A principios del siglo XX seconstruye la iglesia de la Inmaculada Concepción, con tres naves e influencias de diversos estilos de transición, y también el puente de hierro sobre el río Guadalquivir.

foto

El conjunto urbano constituye aún un original ejemplo típico de la arquitectura popular de la comarca del Alto Guadalquivir.
Estas líneas sólo pretenden ser una modesta contribución a la historia de nuestro pueblo, falta de una redacción más amplia y documentada, amén de colaborar en el famoso dicho del genial historiador Salvador de Madariaga: "Solo los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla".
No olvidemos, además, que somos nosotros, los villarenses, los que forjamos día a día los eslabones de esa historia. En definitiva, podemos terminar diciendo que se trata de conocer el pasado, vivir el presente y programar el futuro, admitiendo los avances que nos trae el progreso económico e industrial, pero sin perder de vista nuestras tradiciones y, por supuesto, respetando y velando por el medio ambiente en que se desenvuelve nuestra cotidiana labor. Quién sabe si dentro de no sé cuantos años podremos volver a ver nuestro pueblo dentro de esas coordenadas y quién sabe si haremos ciertas las palabras de José María de la Vega, quien, al hablar del arroyo Salado - por poner un ejemplo práctico - se refiere a éste como un arroyo "...cuyas aguas están muy recomendadas por los facultativos de esta villa, para uso de baños medicinales en el estío; habiendo obtenido los enfermos muy buenos resultados en cierta clase de enfermedades produciendo los mismos efectos que los baños de mar ..."
Quién sabe...

"LA VELA" de San Roque, Antiguo Patrón de Villa del Río

(Idelfonso Romero Cerezo. Cronista Oficial)
Fuente: Revista de Feria de 1991

Nuestro pueblo tiene en su haber cultural un amplísimo campo, muy pocos cultivaron, que por olvido dejaron perder.
Al recordar el Himno de nuestra villa, donde la muerte no quiso que su ilusión re realizara, el Poeta Molleja dejó un reto a las nuevas generaciones en la letra y música que había compuesto. Un himno en el mejor cantar de siempre...

"Gala del Betis, risueña villa,
pueblo bendito, donde nací,
quiero ser bueno,
quiero ser sabio,
para ser hijo digno de ti".


Los nuevos tiempos, después del 36, ya en los años cincuenta; nuestra villa cambió de identidad, próspero; todo fue más fácil. Aparte de un grupo de hombres que creó en aquellos años el escudo de la villa; el pueblo ya tenía una nueva identidad, en este caso cultural; y para estar en línea con el nuevo vivir, mejor, mucho mejor; se dejaron en la cuneta del tiempo muchas cosas que en su día fueron la verdadera piedra de toque de nuestra historia. Los campos de remolacha, el magnífico canal que desde entonces hacia más fértiles nuestras tierras, el trabajo y el mejor vivir, valga la redundancia; lo llenaron todo. Buena fe, dejándose llevar de lo importante del momento, por qué buscar un Patrón Celestial a la villa. Nadie advirtió a este buen hombre, que Villa del Río, tenía ya Santo Patrón. Es verdad que no agricultor, y aquí empezaron los trámites de la Iglesia y el Ayuntamiento, ante el Consejo del Reino: San Isidro se proclama Patrón Celestial de la Villa.
No había lugar a dudas para Villa del Río, que estrenaban Patrón en el calendario laboral y se perdía una parcela muy importante de nuestra historia. Nadie se preguntó que se le había perdido un Santo francés en nuestro calendario festivo. Y es verdad que pedimos mucho. Últimamente hasta el derecho tradicional de celebrar la "Velá" que siempre llevó su nombre donde un grupo de educadores franceses, hasta la desamortización de Mendizábal en el año 1836, tuvieron que abandonar en nuestra villa su labor educadora.
Este es un pequeño resumen del por qué de la "Vela" de San Roque, ese viejo Patrón de Villa del Río, la remolacha desplazó. Que hoy, no le dejamos ni el recordatorio, llevando su festividad, la fiesta que durante siglos, llevó su nombre.
Si es verdad que las "Veladas" están pasadas, no tuvieron historia, la de Santiago y Santa Ana, la de la Virgen de Agosto y la de San Roque deben tener el marchamo de su magnifica historia. Que otra, más antigua, del siglo X, las fiestas de la Cruz de los Mocitos.
Los Mayos, fiesta a los primitivos "Aldeanos" en la Calle Cruz, donde existen con el pozo realengo, la cruz más interesante de la historia de España. Se venera en esta calle, bajo una vieja morena una cruz de piedra de solo una pieza. Idéntica a otra que se conserva en Toledo.

A Blas Moyano.

(Autor: Francisco Laguna. Revista Feria-1.990)

Tras su reciente y exitosa exposición de pintura, le oímos comentar a este genial, inconformista y rebelde pintor de Villa del Río, que dejaba los pinceles y la paleta, para así disfrutar un merecido retiro tras muchos años de ejercitar un arte al que ha aportado colorido y técnicas desconocidas.

En nuestra Villa, por suerte, han quedado obras plasmadas en las paredes y lienzos que nos hablan de un artista con las ideas muy claras y sobre todo sin dejarse influir por nada ni por nadie.

Como a todo buen artista sus obras no son del gusto de algunos, cualidad indispensable para llegar a ser alguien, sabido es que cuando se realizan obras de arte, estas deben llevar el adobo de la polémica, de lo contrario pasarían desapercibidas.

Desde hace bastante tiempo soy un ferviente admirador de este genial artista, dada su atrevida y colorista obra, con un aire costumbrista que me hace refrescar la vista cuando contemplo algunos de sus lienzos.

Por eso aprovecho esta, nuestra anual revista de feria, quisiera decirle a Blas, que no “se corte la coleta”, porque no debería privarnos de esas obras que nos hablan de unas sierras, unos mares, unos pueblos, unos personajes, que ya son historia gra cias a sus pinceles.

Personajes como en el caso de un natural de Villa del Río, “El Zorongo”, el cual ha quedado inmortalizado en muchas colecciones particulares y en particular en los salones de nuestro Ayuntamiento.

Blas, si algún día decides dejar tu arte, no lo hagas, en solitario, y tan pronto, tu patrimonio artístico debe quedar en tu pueblo escoltado por un aliado que agigantará tu obra, como es el tiempo.

Recuerdos, obras, acontecimientos y demás enseres de una vida artística como es la tuya, no deberían quedar esparcidas, sino todo lo contrario agrupados para recreo y aprendizaje de muchos de tus paisanos, que admiran el bello arte de la pintura, y como no el tuyo en particular.

No pierdas tu rebeldía, no pierdas tu inconformismo y sobre todo no pierdas la ilusión, cosas que se pierden con el paso de los años, que en tu caso no debe suceder dado tu espíritu joven.

Habrá que decirte como la coplilla de unas sevillanas: “No te vayas todavía, no te vayas por favor. Que hasta la guitarra mía llora cuando dice adiós”.

¿Quién era Beppo?

(J. Calleja)
Fuente: Revista de Feria 1989

Beppo fue una mujer que gustaba alterna con los hombres en las tabernas. Esa es la imagen que cualquier persona podría sacar de esta mujer la primera vez. Pero, después, cuando de forma metódica, cotidiana y diariamente se producían estas escenas, ya no se podía pensar lo mismo, había algo más, porque se veía como disfrutaba horas y horas estando de tertulia, tomando vino con la gente llana del pueblo. No le importaba lo que pudieran pensar los demás, ella estaba liberada de todos los condicionantes subyugantes de sexo. Era una mujer que casi odiaba a las mujeres, por el propio hecho de que la mayoría de las mujeres, decía ella, "asumieran de forma cómoda y sumisa el papel de ama de casa, sin intervenir en las demás actividades que el hombre realiza. Que fueran conformes con esta desigualdad sin revelarse". Era una defensora de los derechos de la mujer, a su manera, pero no le gustaba que la llamaran "feminista". Decía: "No me confundas con esas tías amachorras que no saben ni hacer el amor". Era incansable en su charla, e inevitablemente disfrutar de su compañía tenía que ser entre "tinto y tinto". Pero qué cultura tan vaga tenía, sabía de todo, no solo de arte, leía mucho, sobre todo literatura francesa y española. Le encantaba el flamenco, y no sólo sabía escuchar este cante, sino que sabía diferenciarlos. Había conocido a casi todos los cantaores conocidos desde los años cuarenta hasta ahora. Fue muy amiga de Pepe de la Matrona.
Beppo, yo creo que conseguía ser feliz con muy poco, no tenía lujos de ningún tipo, todo lo contrario, vivía casi de forma mísera, por lo menos ante los ojos de todos los que estábamos dominados por el consumismo. Sin embargo, ella era feliz así, viviendo de forma bohemia, disfrutaba y pasaba las horas muertas pintando y contemplando un paisaje de olivos, o recostada sobre el mostrador de una taberna, con su cigarrillo negro, su boina aterciopelada y un vaso de tinto.
Quería mucho a Villa del Río y a sus gentes, me decía "me gusta tu pueblo, porque la gente es muy simpática y no me miran como persona rara. Allí tengo muy buenos amigos, mencionaba a Sebastián y Jesús Montes, Juan Solís, José L. Mañas (que la llevaba a ver peleas de gallos) y a Elvira, son todos formidables".
Beppo, murió el día 5 de febrero pasado en Madrid (1989), esta mujer inglesa de nacimiento y andaluza por adopción, ha demostrado con hechos el gran cariño que sentía por nuestro pueblo: ha donado su obra pictórica a Villa del Río, con la única condición de que sea expuesta al público y de forma permanente. La citada obra se me fue entregada personalmente por la artista, para su custodia y conservación y dar cumplimiento a sus deseos. Se compone de ciento catorce obras entre acuarelas y dibujos. También en esta misma colección existe un dibujo de Amadeus Modigliani (famoso pintor impresionista amigo de Beppo).
No soy la persona más indicada para hacer una crítica sobre el valor de esta donación, pero remitiéndome a las muchas críticas aparecidas en periódicos y revistas nacionales, que con motivo de su muerte han elogiado su vida artística, no cabe duda que tiene un apreciable valor económico y sobre todo cultural. Recientemente, con motivo del homenaje que el Ayuntamiento de Villa del Río le rindió a Beppo, Francisco Zueras, crítico de arte, desarrolló una elocuente e interesante conferencia sobre su vida y obra.
La obra de Beppo, siguiendo los deseos de la artista será entregada al pueblo de Villa del Río, realizándose la donación con documento público ante notario, en el momento en que se tenga designado el lugar donde será expuesta de forma permanente. Creo que un lugar o marco idóneo sería la sala que existe en el nuevo Ayuntamiento destinada para museo. Aunque pienso que no sería mala inversión cultural construir una Casa Museo de Villa del Río en un futuro no muy lejano; no sólo para albergar esta donación, sino las de otros pintores villarrenses o de otros lugares, ya que como es sabido nuestra tierra es "rica en artistas".
Considero y ya termino, que el pueblo de Villa del Río le debe tributar un merecido homenaje a esta excepcional y simpática mujer, que si bien sus acuarelas y dibujos tienen un valor incalculable, su mejor y gran obra de arte fue "su propia vida". Villa del Río le debe un museo.