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PONS RIPAE

(Mª Ángeles Clementson Lope)
Fuente: Revista de Feria de 1996

Roma toma básicamente sus modelos constructivos del mundo griego, en relación con la arquitectura religiosa; sin embargo, desarrolló una arquitectura civil que encontraba sus fundamentos más relevantes en la ingeniería, que alcanzó cotas de sofisticación hasta entonces inimaginables. Para este tipo de arquitectura, Roma se inspiró en los modelos constructivos del mundo mesopotámico, que le habían sido legados a través de la cultura etrusca, fundamentalmente en relación con el empleo del arco y, por desarrollo de éste, de la bóveda. Además Roma adoptó una disposición receptiva en relación con las distintas culturas que dominó políticamente; de ellas supo extraer, seleccionando y perfeccionando sus tipologías constructivas, una amplia gama de recursos técnicos que fueron los soportes fundamentales de la cohesión política y económica del imperio.
La arquitectura romana superó ampliamente la visión estática que se había definido como sistema constructivo en Grecia. Se pasó a conformar sistemas mucho más dinámicos que encontraron su fundamento precisamente en el empleo sistemático de arcos y bóvedas, para cuya construcción este pueblo desplegó un ingenio y un sistema práctico que aún hoy asombra por su sofisticación y eficacia.
Para poder organizar el imperio, los romanos construyeron una red viaria modélica en su tiempo y desarrollaron una importantísima ingeniería civil, como indiqué anteriormente. Las vías romanas siguen generalmente la topografía del terreno adaptándose a la misma. Al principio sólo se construyen puentes en algunos de los pasos en ríos y valles, sobre pilares de piedra, a base de tablones de madera reforzados con estribos y caballetes. Los progresos desarrollados respecto a las técnicas de abovedamiento posibilitaron las construcción de puentes realizados con arcos ya de piedra.
El puente romano de Villa del Río es un ejemplo de esta arquitectura civil, una pequeña joya. Está situado en la Vía Augusta sobre el río Salado, a un kilómetro de la población en dirección este. La mayoría de las opiniones lo sitúan cronológicamente en la época de Augusto (S.II) Tiene una estructura asimétrica formada por un arco central flanqueado por otros dos pequeños y un tercero en el lado derecho (visto desde la fachada contracorriente). El arco central es de 8,90 m de luz ("anchura"); los laterales, de 3,50 m el derecho y 3 m el izquierdo; el más pequeño de la derecha tiene 2,60 m.
La diferente luz de los arcos trae como consecuencia alturas también diferentes; el central es el más alto y provoca un perfil apuntado en el puente, tiene arquillos de aligeramiento en los pilares cuya luz es de 1,10 m por 1,88 m de altura. En el puente también se pueden observar tajamares triangulares, concretamente en la fachada contracorriente, que servían para encauzar las aguas hacia los arcos; estaban formados por sillares almohadillados que se unen perfectamente a su pilar correspondiente. El tajamar es la cara apuntada de un pilar de puente que tenía como misión romper la fuerza de la corriente.
El puente está realizado en la técnica constructiva denominada Opus Quadratum, bien representado en Córdoba en otras edificaciones importantes. El material empleado es la piedra arenisca de la zona, que en la clasificación de Pettjhon de 1957 corresponde a una Arcosa Potásica, con arcilla y óxidos de hierro con algo de fracción limosa, más comúnmente conocida como piedra molasa. Como características a destacar, por lo poco usuales, hemos de mencionar las siguientes:
- Almohadillado (parte del sillar que sobresale de la obra con las aristas achaflanadas o redondeadas) que se conserva en la mayor parte de sus sillares (los que son originales y no han sufrido remodelación), siendo en algún caso muy pronunciado.
- Sillares bastante homogéneos, con 80 cm de longitud, 50-70 de grosor, 40-50 de altura. La parte más antigua que aún se conserva del puente presenta el sistema de aparejo isódomo, uno de los más utilizados en el mundo romano. Hemos de tener en cuenta que este puente ha sido sometido a diversos procesos de restauración a lo largo de su existencia y se han añadido partes que presentan otra disposición de aparejo.
- Las dovelas están engatilladas (junta de la fábrica de sillería en la cual los salientes de un elemento encuentran su correspondiente encaje en el otro) en la rosca de los arcos para así evitar el deslizamiento de éstas. Están almohadilladas con una plasticidad casi escultórica.
- Los arcos menores se apoyan sobre las dovelas de los arquillos de aligeramiento de manera que las dovelas de estos últimos constituyen las jambas de los primeros.

La parte superior del puente está remodelada con sillares sin almohadillado, al igual que la rosca de los arcos central e izquierdo que utilizan grandes ladrillos. Son originales los dos arcos de la derecha y casi todo el central, el arranque del puente hasta los pilares y está remodelada toda la parte superior.
Como vemos, se trata de un puente que se conserva en su mayor parte y de unas características más que notables. Es por ello que se pretende, desde el trampolín de este medio de comunicación <>, despertar iniciativas dormidas y volcar la mirada e interés de todos los villarrenses sobre él.

ANEXO
A principios de enero del año 1992, el Ayuntamiento de Villa del Río envía dos escritos, uno a la Fundación Sevillana de Electricidad y otro a la Delegación Provincial de Cultura. En el primero se solicitaba que la iluminación del Puente Romano de Villa del Río se incluyera dentro del programa de actuaciones llevado a cabo por la citada Fundación con motivo de la conmemoración del V Centenario de la Unidad de España y de la Exposición Universal de Sevilla. En el segundo escrito se pedía el apoyo de la citada Delegación, realizando un estudio de las características y condiciones del Puente, con el fin de que la mencionada iluminación se hiciera de la forma más adecuada. La Fundación Sevillana contesta al escrito comunicando que no se puede realizar en breve plazo, pero que se tendrá en cuenta...
En febrero del mismo año, el ayuntamiento dirige un escrito a la Delegación Provincial de Cultura en el que se solicitaba un informe que marcará las pautas para lograr la adecuación del proyecto de iluminación al citado puente. Por su parte, la Delegación de Cultura envía sendos informes elaborados por el Arquitecto Jefe de la Unidad Técnica de Conservación y Restauración de Bienes Culturales y el Arqueólogo Provincial, para que sean tenidos en cuenta a la hora de elaborar el proyecto.
Los informes fueron bien recibidos por parte del ayuntamiento, quien solicitó una subvención a la citada delegación o bien que se hiciera cargo de la realización del proyecto. En marzo de 1992, la Delegación de Cultura contestó indicando que se consideraría su inclusión en los futuros programas de obras que se eleven por parte de ésta a la Dirección General de Bienes Culturales, quedando el asunto parado en este punto.
En la actualidad, por iniciativa particular y al calor de la inauguración del Museo Histórico Municipal de Villa del Río, contando con el apoyo del propio ayuntamiento, se pretende mover el tema de nuevo para poder llevar a cabo no sólo el proyecto de iluminación, sino también la señalización histórica del puente desde las vías de comunicación colindantes, así como dentro de la localidad, el adecentamiento del área de descanso en torno al puente, realizando lo que se denomina un Parque Arqueológico dedicado al descanso, ocio y cultura. Se pretende, asimismo, vincular no sólo a los habitantes de la localidad, sino también a los usuarios de las vías de comunicación y a cualquier visitante que se sienta atraído por todo lo que ofrece Villa del Río: el futuro museo Pedro Bueno, el museo histórico municipal, el castillo, las aceñas árabes, la ermita de la Virgen de la Estrella, las casas solariegas y, como no, este notable Puente Romano.
Prestigiando nuestro Puente Romano conseguiríamos que la entrada en la Provincia de Córdoba estuviera representada por este invitado de lujo, un puente que aún está erguido, después del paso de los años y de las intervenciones sufridas. Sin duda, se trata de una pequeña gran joya de la arquitectura civil romana y es claro testigo de nuestra historia, al que habría que agasajar como realmente se merece.


El Puente del Arroyo de la Cañada

(Mª Ángeles Clementson Lope)
Fuente: Revista de Feria de 1997

Con el fin de no dejar en el olvido una serie de construcciones que, por desgracia, han ido desapareciendo de nuestro entorno vital y que eran testigos mudos de lo realizado en otros tiempos, es por lo que pensé que sería interesante hacerlo perdurar en la mente de todos nosotros; y así, de esta manera, hacer partícipes del recuerdo a unos y mostrar lo que no han conocido a otros.
El día 8 de julio de 1894, en una sesión del Pleno de la Corporación Municipal, el alcalde D. Bernardo Enrique Cerezo Castro habló de la conveniencia de iniciar las obras del puente en el camino vecinal de que va desde Villa del Río a Lopera, con el objeto de salvar el paso sobre el arroyo de la Cañada, por ser, como él mismo aclara, la época más propicia para este tipo de trabajos. Con el asesoramiento del perito D, Manuel Navarro Criado, los miembros de la corporación estudiaron conjuntamente el tipo de puente a construir, así como de las condiciones económicas y facultativas, y se acordó que la forma de contratación para la ejecución de las obras fuera por subasta pública, mediante el sistema de pujas a la llana y en la baja, y por un presupuesto máximo de 2.073 pesetas. Las obras debían ser supervisadas por el perito del Ayuntamiento y estar concluidas el 30 de septiembre del año en curso. Las condiciones facultativas y económicas fueron comunicadas por medio de bandos y edictos, fijados en los sitios de costumbre por el agualcil del ayuntamiento D. José Moreno Rael, para que pudieran ser consultadas en la Secretaria Municipal por todo aquel que lo estimara conveniente.
El día 19 de agosto de ese mismo año se reunieron en la casa consistorial los miembros de la comisión del ayuntamiento que presidían la subasta de las obras del puente. Esta comisión estaba formada por las siguientes personas: Segundo Teniente de Alcalde D. Pedro Molleja González, el Regidor Sindico D. Juan Cerezo Gutiérrez y los Concejales D. Pedro Borrego Castro, D. Idelfonso Benítez Linueza, D. Antonio Navarro Criado, D. Manuel Polo Relaño y D. Manuel Cerezo Gutiérrez, actuando como Secretario D. Salvador Muñoz Cabezas. Durante su transcurso se leyeron las condiciones facultativas y económicas y quedaron abiertas las licitaciones, previo depósito de 200 pesetas en la mesa de la presidencia, condición indispensable para parte en la subasta. Acto seguido se hicieron proposiciones en baja, por espacio de treinta minutos, por parte de D. Manuel Navarro Criado, D. Juan Navarro Sevilla, y D. Antonio Cerrillo Gutiérrez, siendo la más ventajosa la de D. Juan Navarro Sevilla, que ascendía a un montaje total de 1.998 Ptas. Esta proposición se dio a conocer por el Voz Publica por tres veces y, después de preguntar la presidencia si había quien la mejorase, recayó a favor del rematante antes citado. El acta fue firmada por todos los concurrentes al acto.
Las condiciones facultativas que se expresan en el expediente correspondiente nos sirven de guía y referencia para describir arquitectónicamente el puente. Trascritas literalmente, son las siguientes:

Puente del Arroyo de la Cañada. Dibujo a pluma de 1894.
- Primera: La longitud total del puente será de cincuenta metros de los cuales dos serán el hueco del puente y los restantes lo ocuparán las estribaciones o machones y su ancho será de seis metros, cinco de ellos que ocupará el camino y cincuenta centímetros cada uno de prestiles.
- Segunda: En toda la extensión del puente se practicará una cimentación de siete metros de ancho y un metro veinte y cinco centímetros de hondo medido desde el centro de la caja del arroyo y se construirá un muro de sillarejos con un metro veinte y cinco centímetros de espesor en cada una de las líneas laterales y otro len cada uno de los lados cortando el huevo que se deja para paso de las aguas: estos dos últimos tendrán la altura de un metro hasta el arranque del arco y los otros hasta la imposta que se detallará oportunamente. Los huecos que queden al ir construyendo estos muros se rellenarán de guijarros y mezcla fina edificando el relleno según vayan levantándose los muros.
- Tercera: El arco será de medio punto y se arrancará a la altura de un metro; la parte exterior de ambos lados se construirá con dovelas de piedra asperón limpia y labrada cuyas dimensiones serán sesenta centímetros de altura y cincuenta y cinco de tizón y el resto de rosca de ladrillo.
- Cuarta: Los muros de cimentación se han de elevar a la altura de dos metros sesenta centímetros y sobre esto correrá una imposta de cinco metros de longitud construida con piedra de asperón labrada, cada una de sesenta centímetros de ancho por quince de grueso cubriéndose de pretil -que será de ladrillo con cincuenta centímetros de alto y otros cincuenta de grueso- con loza de sesenta centímetros de ancho por veinte de grueso.
- Quinta: El cimiento abierto en la caja del arroyo se rellenará con guijarro y hormigón bien pisado y empedrado después perfectamente...

Este modesto ejemplo de las obras públicas municipales de la época, a la vez que favoreció las comunicaciones salvando el paso del arroyo de la Cañada, fue punto de encuentro de paseantes y zona de tertulia de nuestros mayores durante casi cien años que duró su existencia.


Los Duques de Montpensier en Villa del Río (1850)

(Francisco Pinilla Castro)
Fuente: Revista de Feria de 2002

Por la Calle Real de Villa del Río, lo mismo que por su entrañable y dos veces milenario Puente Romano, ha desfilado parte de la historia de España: reyes, regentes, componentes del Consejo de Estado y Tribunales de la Nación, Infantes, Príncipes... De algunos de ellos tenemos noticias escritas por los cronistas que les acompañaban y de otros por quedar constancia en los libros de actas del Ayuntamiento de las medidas tomadas para cumplimentar y agasajar a los ilustres viajeros.
Entre los personajes, de los que hay constancia escrita, que transitaron por nuestro pueblo se encuentran Felipe de Orleáns y la Infanta Luisa Fernanda (hermana de la Reina Isabel II) Duques de Montpesier, que en Junio de 1850 no solamente pasaron sino que, a tenor de lo que cuenta un Acta Capitular, se alojaron en casa de D. Sebastián Criado Cerezo, uno de los más ricos hacendados de la villa.
"En Villa del Río a cinco de Junio de mil ochocientos y cincuenta años <05-06-1850>. Se reunió en la Sala Capitular el Ayuntamiento Consistorial de la misma, con objeto de celebrar acuerdo extraordinario, y en tal estado, por el Sr. Alcalde Presidente se hizo presente un oficio del Señor Gobernador Provincial fecha de ayer, en el cual se encargará dicha Superioridad para que el tránsito de SS. AA. Por esta Villa, que deberá ser el día nueve del corriente <09-06-1850>, se hallen compuestas las calles de aquél.
En su consecuencia y como a pesar de estarse recomponiendo el arrecife de las calles Real y Alta, tengan SS.AA. que cruzar igualmente la calle de la Cárcel para dirigirse a la casa de D. Sebastián Criado Cerezo, que les está prevenida para su descanso y cuya calle se encuentra con hoyos y trozos desempedrados, se acordó se ejecute inmediatamente el empiedro de la misma en la parte necesaria, enarenándole igualmente para evitar las desigualdades de su piso, costeándose todo de los fondos previstos así como los reparos que están acordados respecto a las calles restantes..."
<>.

Lo anterior es lo que se recetaron a sí mismo los componentes del Ayuntamiento para esta ocasión, pero ¿qué mandaban hacer a los vecinos de la villa cuando pasaban los viajeros reales?.
Pues según otras actas: "asear las casas por dentro y por fuera; poner colgaduras en las fachadas de las calles por donde iban a pasar; que todo vecino o forastero que concurriera en dicho día por el pueblo se abstuviera de andar con todo género de armas y de formar rencillas y disputas que pudieran declinar en pendencias...
También se despachaban un oficio al Vicario a fin de que concurriera con el resto del clero para acompañar a las autoridades, y que éste dispusiera que luego que se avistasen los coches de SS.AA. se echasen todas las campanas a repique y no cesaran de tocar hasta que no saliesen del término.
Si este viaje se realizó de la forma que se refleja en el acta, a mi se me plantean dos interrogantes: Si tres calles céntricas, donde viven los más potentados estaban en esas condiciones de deterioro ¿cómo se encontrarían los pavimentos de los barrios donde vivían los villarenses de a pie?.
Y la segunda es ¿cómo es posible que estando la mansión del Marqués de Blanco Hermoso construida en 1817 y habitada por D. Pedro de León y Navarrete, Caballero de la Orden de Calatrava, Gentil hombre de Cámara de S.M. y Coronel de Caballería retirado, casado con la segunda hija del Marqués , no descansaran- el tiempo que permanecieran en la villa- en esta casa, en lugar de hacerlo en la de D. Sebastián Criado Cerezo, muy rico por supuesto, pero no poseía titulo ni relación parental con la nobleza?.
La respuesta a la primera interrogante es fácil de deducir.
En Cuanto a la segunda yo aventuro la hipótesis de que la hegemonía que venían manteniendo en la villa los Muñoz Cobo durante los últimos setenta años la habían perdido porque la estaban compartiendo con los Criados Cerezo, los Criados Canales, los Molleja Criado...
Para terminar solamente me resta decir que la casa de D. Sebastián Criado Cerezo está signada actualmente con el número 38 de la calle Alta.

ARQUITECTURA CIVIL -Casa Palacio del Marqués de Blancohermoso.

Casa Palacio del Marqués de Blancohermoso.

(Mª Ángeles Clementson Lope)
Fuente: Revista de Feria de 2001

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Paseando por la calle principal de Villa del Río, denominada actualmente Pablo Picasso, nos encontramos con la Casa-Palacio del Marqués de Blancohermoso y Vizconde de los Llanos. Del conjunto destaca una bella portada que nos hace mirar hacia atrás, hacia la antigüedad clásica. Esta casa fue construida a principios del siglo XIX y es testigo vivo de un periodo de la Historia de la Arquitectura Local, en algunos casos destruida por actualizaciones erróneas, lo que nos deja un vacío que, desgraciadamente, será imposible recuperar.
Presenta una fachada de traza neoclásica de gran armonía, secuenciándose ventanas en el piso bajo y balcones -sin apenas vuelo. En el piso superior. Del edificio podemos destacar una bella escalera de piedra que parte del cuerpo de la casa y sirve de acceso al piso superior, un gran patio central y su puerta principal de acceso, cuya portada merece un detenido estudio por sus especiales características, de manera que el cornisamiento del inferior sirve para definir el amplio balcón que presenta el superior. La articulación de la banda inferior parece inspirada en la Puerta -renacentista- del Puente de Córdoba: sobre un elevado podium se dispone dos parejas de columnas toscanas, con fustes estriados, flanqueando la puerta de entrada principal de la vivienda, cuyo vano remata en un arco de medio punto .
El entablamento, en el que alternan los triglifos con metopas o romboidales, apea sobre las citadas columnas, pero igualmente sobre siete ménsulas adicionales, que constituyen uno de los elementos más singulares de esta bella portada. Las jambas del vano superior están ornamentadas por finas semicolumnas jónicas y por pilastras ornamentadas por drapeados que cuelgan de pequeñas argollas, finamente labradas en piedra arenisca de Porcuna. El conjunto se remata con un frontón triangular ornamentado en sus extremos por sendos pináculos a modo de antorchas decorativas. La rejería, de buena forja, es igualmente interesante, lo que potencia, adecuadamente todo este magnífico conjunto.
Actualmente esta preciosa casa pertenece al Marqués de Castillo del Valle de Sidueñas.

Las Casas del Pueblo

La Casa de las Cadenas

La casa hace esquina entre la calle Blas Infante y calle Juan Ramón Jiménez, consta de bajo y primera planta. Destacamos de ella su bella portada en piedra de traza barroca, coronada por un frontón partido con dos plintos a los lados y rematados con bola y, sobre ellos, al lado derecho, el escudo Real de España simplificado, y al izquierdo el escudo de armas personales de don Alonso Baltasar Molleja Salcedo. Gozó de privilegio de cadenas, que le fue concedido por el rey Felipe V por haberse alojado en ella el Infante Don Carlos- futuro Carlos III- en 1731.

“El privilegio de cadenas”, al principio estuvo ligado a las más altos exponentes de la nobleza superior; pero con el tiempo los más destacados caballeros de la nobleza inferior obtuvieron por concesión real para sus casas solares la consideración de Palacios con privilegios inherentes: derecho de asilo, excepciones de alojamiento”.


La casa que obtenía este privilegio “se rodeaba de cadenas que indicaban el perímetro exento de justicia ordinaria; el malhechor que penetrase en su interior podía considerarse provisionalmente a salvo”.

También se podía conseguir este privilegio porque los reyes se hubiesen alojado en la mansión del noble, o personaje notable del lugar, este puede ser el origen de la Casa de las Cadenas de Villa del Río. El primer documento que hace mención a este privilegio que nos ocupa, son unas capitulaciones matrimoniales de 1739, posteriormente en un testamento en el año 1753. En 1755 vuelve a aparecer en otras capitulaciones matrimoniales, y por ultimo en un otorgamiento escrito de última voluntad de 1786.

La casa fue morada de un linaje poderoso e influyente de Villa del Río: “Los Molleja”, descendientes de Don Melchor Molleja, dueño de la casa de 1626. Los Molleja Salcedo solo lo habitaron de modo continuado hasta 1786. Posteriormente por matrimonio paso a manos de Los Condes del Corchado, hasta 1913.

En el Archivo de Simancas se encontró la crónica del viaje del Infante Don Carlos que textualmente trascribimos: “El día 26 (26-10-1731) se llego a la Aldea del Río, Alojándose Don Carlos en casa de don Alonso Molleja “ bastante capaz para la miseria del lugar, en que no tuvo otra diversión que salir de caza al Soto de la Vega y matar doce o trece conexos de los quales van 6 en paquete… para la Reyna”. Sería seguramente por influencia del Infante por lo que Felipe V, después de esa visita le concediera el Privilegio de Cadenas.

La casa fue reconstruida en 1776… En 1998 la adquirió el Ayuntamiento de Villa del Río y la reformo para Centro Cultural, en esta restauración se vio claramente por restos de las cabezas de vigas embutidas en el muro, que el edificio primitivo no tenía la primera planta que hoy tiene, añadiéndose posteriormente. Fue restaurada por un Taller e Empleo en dos fases, e inaugurada el 29 de Noviembre de 2002, denominándose desde entonces Centro Cultural “Casa de las Cadenas”. El museo Histórico Municipal está situado en la planta primera del edificio.

Casa del Vicario

e trata de una construcción de carácter popular, que, no obstante, presenta interesantes soluciones ornamentales, como el sofisticado balcón esquinado de la primera planta, cuyos dos vanos constitutivos quedan separados por una tosca columna balaustrada. Está situada en la Plaza de la Constitución y es de propiedad particular.

Casa Palacio del Marqués de Blancohermoso

Se trata de una fachada de traza neoclásica, de gran armonía, secuenciándose ventanas en el piso bajo y balcones -sin apenas vuelo- en el piso superior. Del edificio podemos destacar una bella escalera de piedra que parte del cuerpo de la casa y sirve de acceso al piso superior, un gran patio central y su puerta principal de acceso, cuya portada merece un detenido estudio por sus especiales características.

La casa es propiedad particular y pertenece a los Marqueses del Valle de Sidueña. Está situada en la calle Pablo Picasso, a pocos metros de la iglesia parroquial.

Otros Edificios de Interés
Casa nº 5 de la calle Blas Infante

Esta casa blasonada perteneció a Don Juan Claudio Muñoz Cobo, padre del Marqués de Blancohermoso.

Tercia de Diezmos

En la calle Guadalquivir, nº 11.

Casa nº 7 de la Plaza de la Constitución.

Antigua casa capitular de la villa, hoy Bar La Estrella. En el dintel del balcón central aparece la inscripción “CAROLVS III AS MDCCLXXVII” (Carlos III, año 1777).

Casa nº 1 de la Plaza de la Constitución.

Segunda casa capitular de la que tenemos constancia. Fue adquirida por el Ayuntamiento en 1866 y restaurada y ampliada años más tarde.


Casa nº 8 de la calle Pablo Picasso

Es la casa de los Criado Sotomayor, cuyos blasones pertenecen a la saga de los Muñoz Cobo, que fueron sus propietarios.

Casa nº 35 de la calle Pablo Picasso

Perteneció a los señores Marqueses de Benamejí.

Casas nº 36 y 38 de la calle Alta. Casa mansión de los Condes de Monterreal.

Humilladero. Lugar donde fue hallada la Virgen de la Estrella, patrona de Villa del Río.

Contamos con personajes ilustres, como los pintores Pedro Bueno, cuya casa museo está en el pensamiento de todos los Villarrenses (1910-1993), Blas Moyano, quien donó parte de su obra pictórica al patrimonio artístico del pueblo de Villa del Río (1913-2001), y Matías Prats Cañete, maestro de comunicadores.

ARQUITECTURA CIVIL - Casa blasonada de la calle Blas Infante

A propósito de la casa blasonada de la calle Blas Infante con vuelta a la calle Ramón y Cajal.

(Rafael Agüera Espejo-Saavedra. Diplomado Superior en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria)
Fuente: Revista de Feria de 1998.

En contraste con otras opiniones, tan respetables y extendidas como, a mi juicio, no suficientemente documentadas, entiendo que esta Casa, sin duda una de las más interesantes de las que conforman el patrimonio de nuestro Pueblo, no tuvo en el pasado usos de Posada o Casa de Postas, ni con tales blasones que ennoblecen su fachada.
En efecto, un estudio serio, apoyado en documentación y bibliografía histórica y ceñido, además, a las leyes de la Heráldica, nos lleva a determinar, con bastante precisión, la época en que dichos blasones fueron labrados, el hecho histórico que conmemoran, así como la identidad de los propietarios de la Casa, cuya memoria quisieron perpetuar.
A través de una detalladísima Crónica, conservada en el Archivo Histórico de Simancas, conocemos que el Infante de España D. Carlos de Borbón Farnesio, que a la sazón se hallaba en Sevilla, fue llamado a regir los destinos de los Ducados de Parma y Piacenza, que le correspondían por línea materna. Corría el año de 1731 y nuestro Infante partió, por tierra, el día 20 de Octubre, con destino al Puerto de Barcelona donde embarcaría para Livorno. El desplazamiento lo efectuó en etapas de 25/40 Kms. Diarios, que recorría por las mañanas, acompañado de un amplio séquito, alojándose en Casas Principales de los lugares fines de cada etapa elegidas previamente al efecto. Pues bien, según reza dicha Crónica "el día 26 de octubre, llegó a Aldea del Río, alojándose en Casa de D. Alonso Molleja, bastante capaz para la miseria del lugar, donde no tuvo otra diversión que salir de caza al Soto de la Vega, donde mató 12 o 13 conexos".

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Como es sabido, el Infante ocupó, posteriormente, el Trono de las Dos Sicilias y, por último, fue proclamado Rey de España, con el nombre de Carlos III, dignidad que ejerció desde el año 1759 hasta su muerte, el año 1788.
En estascircunstancias parece lógico concluir que el dueño de la Casa, D. Alonso Molleja y Salcedo, o sus inmediatos sucesores, decidieran dejar constancia y memoria de la visita del ya Rey de España haciendo instalar los blasones que nos ocupan, probablemente aprovechando para ello las obras que se realizaron el año de 1776, según podemos leer en un sillar de la fachada que da a la calle Ramón y Cajal. Posteriormente la casa pasó a ser propiedad del Conde de Colchado, al casarse un descendiente de D. Alonso con la Condesa de este título.
La descripción de los blasones, con arreglo a las Leyes de la Heráldica, es la siguiente:
1. Al lado diestro y sobre la puerta principal (lugar de honor) Armas de España Simplificadas (Cuartelado de Castilla y León) . Al timbre, Corona Real abierta y rodeado del Collar de la Orden del Toisón de Oro.
(Hago notar a los curiosos que la colocación del Castillo y Leones es inversa a la correcta, lo que se debió inspirarse en una matriz sigilar).

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2. Al lado siniestro y sobre la puerta principal. Armas de Don Alonso Molleja y Salcedo. Escudo medio partido y cortado. 1º un lucero de ocho radios (se desconocen los esmaltes) 2º En campo de gules, un aspa o Cruz de San Andrés, de oro. 3º En campo de plata, un sauce arrancado, de sinople, cargado al tronco de un escudete de oro (una de ellas desaparecida). Al timbre, yelmo plazado de perfil, con cinco rejillas vistas, adornado de plumas, y, el todo, ornado de lambrequines y volutas, o sea una clásica estructura barroca típica del siglo XVIII.
Estas armas vinieron a la familia Molleja por línea femenina ya que son propias de los Caballeros Salcedo, de origen vasco, quienes, según nos informa Argote de Molina en su obra "Nobleza de Andalucía", estuvieron representados por D. Ortum Sanz de Salcedo en la conquista de Baeza, importante hecho de guerra que tuvo lugar el día de San Andrés (30 de noviembre) del año 1227, de donde proceden las aspas de oro que enriquecen desde entonces sus blasones.
No quiero terminar estas notas sin mencionar las muy meritorias investigaciones que, sobre nuestro pueblo, vienen realizando mis buenos amigos Catalina Sánchez y Francisco Pinilla, a los cuales creo debe Villa del Río un homenaje de reconocimiento, así como significar que, precisamente, Catalina ha investigado y puesto de manifiesto el privilegio de cadenas de que gozó esta Casa, cuyo origen pudo estar en esta Real visita.

Casa Consistoriales del siglo XIX: de Levante a Poniente.

(Mª Ángeles Clementson Lope)
Fuente: Revista de Feria de 1994

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Como consecuencia de las inundaciones que provocó el Guadalquivir en 1821, se cree que se perdieron los títulos de propiedad de las Casas Consistoriales que ejercían su función en el año 1865. Con el fin de inscribirlos en el Registro de la Propiedad, el alcalde por aquellos años, D. Andrés Molleja y Rueda, pidió con fecha de 20 de diciembre de 1865 un certificado al Sr. Secretario de la villa don Francisco Cerezo Cabello, en donde se especifica la documentación existente en el Archivo Municipal que sirviera para acreditar de alguna manera la propiedad de las mismas; y otro certificado a un perito práctico que describiera y tasara dichas casas consistoriales.
El certificado de Secretaría fue expedido el 23 de diciembre de 1865 y en él se habla de un testimonio fechado el 16 de noviembre de 1815 de don José Presas, oficial de la Secretaria de Estado del Despacho Universal de Gracia y Justicia, contador principal de rentas propios y arbitros de esta provincia, que certifica que entre los documentos de esta Contaduría hay un testimonio del escribano de Villa del Río, D. Juan Alfonso Mérida, de 8 de noviembre de 1760, donde manifiesta las causales de propios de la villa en el citado año, diciendo: "Las casas capitulares que son en la Plaza pública de esta villa y lindan de presente con otras que sirven de Pósito y otras de Diego Morales de esta vecindad las uqe no le rinden cosa alguna y tratan de las coasas que miren al bien común de sus vecinos".
Asimismo, hace alusión el Sr. Secretario a documentos de la Secretaria del Municipio en donde se dice: "Los propios de esta villa vienen poseyendo las casas capitulares desde época remota, sin que se sepa la época determinada en que se adquieren".
Estas certificaciones ratifican la propiedad de las casas consistoriales que, apoyándose en los reales decretos de 6 de noviembre de 1863, 1 de febrero y 11 de noviembre de 1864, referentes a bienes inmuebles pertenecientes al Estado, hacen la base legal para inscribirlos en el Registro de la Propiedad como pertenecientes al municipio.
En su escrito de 23 de diciembre de 1865, el perito práctico D. Pedro Criado Romero hace una somera descripción de las casas consistoriales que nos sirve para localizarlas en un entorno determinado de la plaza, en la esquina del actual Bar "La Estrella" (sería la parte de fachada que corresponde con el balcón corrido y en cuyo dintel del balcón central aparece la inscripción:

CAROLVS III
AS MDCCLXXVII


(Carlos III, años 1777). El certificado dice así: "...que habiendo reconocido con mayor detención el edificio de las casas capitulares señalado en la plaza pública con el num...uno linde por levante a la plaza pública de la Constitución, por el norte con otra de Doña Dolores Criado Cerezo y al sur con calle Real y por poniente con otra de Don Rafael Serrano Velásquez y verificada su mensura resulta que su extensión superficial es de ochenta y siete varas cuadradas, incluso el grueso de las paredes, equivalentes a sesenta metros, 88 decímetros, 91 centímetros y 60 milímetros cuadrados; contienen dos habitaciones bajas, escalera, pasillo y sala alta y atendido al estado de dicho edificio lo he valorado en mil cuatrocientos diez y seis escudos..."

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Una vez registrada su propiedad y debido a las necesidades de ampliación de las casas capitulares, se pidió permiso a la Superioridad -que lo concedió por Real Orden de 13 de diciembre de 1865- para realizar una permuta con otra finca de mayores dimensiones y con posibilidades de futuras ampliaciones, propiedad de Doña. Inés Ponce y Muñoz Cobo, sita en el número 1 de la calle de Mesones, haciendo esquina con la plaza pública y con fachada a poniente, casa denominada "Portales", valorada en 1599 escudos, con 117 varas cuadradas, lindando"... por su derecha entrando en ella con el edificio de las Carnecerías señalado con el número tres, por su izquierda hace esquina como queda dicho a la Plaza Mayor y por la espalda linda con las referidas carnecerías, y con la casa de panadería pública, dando frente por el sur a la mencionada calle de Mesones..."
La escritura de permuta fue otorgada el 13 de enero de 1866 ante notario de Villa del Río, Francisco Jurado Montes, siendo este nuevo edificio la segunda casa consistorial de la que tenemos constancia.

Castillo y casas señoriales.

Dentro de la arquitectura civil de Villa del Río hay que destacar en los restos del antiguo castillo medieval. Esta fortaleza de asistí en época musulmana, siendo conquistada por Fernando III antes de la toma de Córdoba. Quedó sujeta a la jurisdicción de esta ciudad, aunque en la 2ª mitad del siglo XV y pasa poder de Fernán Pérez de monte mayor, realizando entonces importantes obras que le dieron su configuración definitiva. Después volvió a la ciudad de Córdoba, hasta que 1531 se formó en ella la parroquia de San Pedro, perteneciendo en este uso durante cuatro siglos. Hoy, según quedó indicado (ver arquitectura religiosa), alojan dependencias municipales, denotando su primitiva función de fortaleza los dos grandes torreones prismáticos de piedra que quedan ambos extremos del edificio. La torre occidental conserva una portadita gótica, arco apuntado de marcadas dovelas, arrancando de molduras góticas. Junto al castillo se localiza el antiguo Ayuntamiento, erigido para 1889.

Además de estos edificios principales, hay que reseñar diversas casas señoriales de los siglos XVII, XVIII y XIX, todas ellas emplazadas en las principales vías de la población. Así, en la calle Blas Infante, el número 9 se corresponde con una casa enriquecida comporta de piedra del Seiscientos, que ofrece el característico el esquema adintelado con fragmentos de frotón recto que hacen de asiento a unos escudos, también del siglo XVII. Más adelante, en esta misma calle y en la de Pablo Picasso, se conservan otras casas blasonadas, pero con escudos de decoración rococó del siglo XVIII. De esta misma centuria es un inmueble de la plaza de la Constitución (foto izq), frente al Ayuntamiento. Se trata de una bella muestra de arquitectura popular, balcón central encuadrado por fragmentos de frontón y otro en esquina, muy curioso por su pilar de sostén y los herrajes curvos que posee.

A continuación, pasada ya la parroquia nueva de la Inmaculada Concepción, se emplaza la más monumental casa señorial de Villa del Río, que se fecha en 1817. Pertenece al marqués del Valle de Sidueñas (foto drc) y presenta dos cuerpos y pretil de remate, ofreciendo paramentos enlucidos y elementos arquitectónicos en ladrillo visto. Ennoblece su fachada parejas de pilastras almohadilladas, que articulan los salientes de los extremos. La portada de piedra, algo descentrada, es una bella muestra de arquitectura neoclásica, con arcos de medio punto flanqueado por columnas dóricas, entablamento con triglifos y balcón superior provisto de pilastras y columnas jónicas. En relación con esta portada hay otra más sencilla en la calle Alta. Deben reseñarse, además, diversas mansiones del siglo XIX, de noble y bien compuesta fachada, que se localizan igualmente en las calles principales, particularmente en los alrededores de la plaza de la Constitución y en las calles que parten de ella.

J.R.C.

Una visita al nuevo Ayuntamiento

(Autor: Carlos Clementson. Revista de Feria 1986)

La reconstrucción y restauración del antiguo y derruido castillo medieval villarense e iglesia aneja, ara su conversión en flamante y hermoso Ayuntamiento de la Villa –restauración cargada de sabor de época y moderno confort- por su significación en nuestra vida provincial, es un acontecimiento que nos induce a distintas reflexiones.

No es frecuente, mejor dicho, es casi insólito, que una vieja fábrica destartalada y notoriamente ruinosa, como el complejo histórico villarense, sufra un tan profundo proceso restaurados hasta el punto de convertirse en un edificio nobilísimo, bello y lo que es igualmente considerable, apto para su uso público como Ayuntamiento de la ciudad.

Si a muchos de nosotros, hace sólo algunos años, nos hubiera sólo presentado alguna de las imágenes arquitectónicas que hoy cualquier convenio puede ver ante sí, hubiéramos dudado de lo que veíamos. Nos hubiera parecido un espejismo, un espejismo de rigor estético y de armonía mas solo una quimera. O todo lo más, una utopía; un sueño local de difícil, casi imposible realización.

Pero el prodigio, unos años después se ha materializado, ha cobrado cuerpo y compostura, y la antigua fábrica renovada ha venido a enriquecer bellamente nuestro patrimonio común.

Nuestra clara Villa fluvial –blanco lebrel recostado a las verdes márgenes del Guadalquivir- no es lugar de vetusta o acrisolada solera histórica, abundante en generosos vestigios del pasado, como otros núcleos provinciales de asentamiento antiguo. Nuestro pueblo es joven, y como joven, dinámico, esforzado y creativo, con más empuje hacia el futuro que nostálgicas añoranzas del pasado, tantas veces esterilizadoras y frustrantes.

Pero esta savia juvenil y esta limpia mirada abierta hacia el mañana no le llevan a renunciar a ninguna de sus más íntimas señas de identidad en el tiempo. Y si no puede alardear del prestigioso acervo histórico-artístico de otras localidades de la provincia, si sabe reivindicar y revalorizar los contactos vestigios arquitectónicos que justamente lo ennoblecen; vestigios que si no muy nomerosos, si al menos lo son de gran belleza plástica, de honda significación, y de muy señalada y expresiva localización a la vista del visitante o del viajero.

Puerta oriental de la provincia, nuestro armónico y grácil puente romano saluda al turista azacaneado de la Nacional IV con el permanente prodigio de sus piedras, maduras y doradas por el sol de los siglos.

Frente al ajetreo y la prisa del tráfico automovilístico, la quietud y la noche serenidad de las piedras labradas pronuncian su elección, sintiendo bajo la curva de sus arcos, el fluir sosegado y casi imperceptible del tiempo: Lección de sabiduría romana y permanencia; expresión de nuestra radical latinidad cordobesa.

Y así, el viajero que se adentra en nuestra provincia sabe, porque esas viejas piedras se lo dicen en el noble lenguaje del Lacio, que está pisando suelo y tierra romanos. Se lo dice con la antigua “virtud de las piedras labradas” en las que creía el poeta.

Si levanta luego los ojos hacia los opimos olivares del Monte Real, de verdor casi funeral y plata vivida, descubrirá la nítida ermita campesina de Nuestra Señora de la Estrella, ese entrañable prodigio popular de arquitectura dieciochesca que le dará razón de nuestras raíces cristianas y barrocas.

Y unos cientos de metros delante, junto a la misma carretera, en el centro mismo de nuestro pueblo – si no es la primera vez que lo atraviesa- , casi se frotará los ojos este año al contemplar cómo al mismo costado de su automóvil se alza, flamante, sólida y armónica, una nueva construcción de históricos empaque y armoniosa apostura: nuestro nuevo Ayuntamiento y rescatado castillo árabe, que le dará razón de esa otra raíz de nuestra estirpe, la omeya y califal, que no mora; la que reelaboró y difundió en Occidente el legado luminoso de la tradición.

Y casi sin dar crédito a sus ojos, habituados de años atrás a contemplar sólo unas ruinas anodinas como hay tantas, quizá detenga su vehículo y se acerque a la plaza bien dispuesta, y se recree en la renovada belleza de la artística fachada, y pregunte, y casi se quede con las ganas de penetrar en el acogedor recinto, o entre en él; y allí podrá apreciar la excelente acomodación lograda por los arquitectos José Luis Lope y Jaime Alvear, del ayer destartalado ámbito en aras de una necesaria utilidad pública. Y se sorprenderá de la noche prestancia de la escalinata, y de la amplia y lograda sala capitular, y gozará de la dilatada panorámica del Guadalquivir y de su vega, y de la Sierra remota, y entonces podrá ver cómo esta empresa es obra de todo un pueblo, de un pueblo joven y animoso que mira al futuro en confianza, y sabe hacer de su pasado, que también lo tiene, algo fecundo, actuante, útil y ejemplar; una palanca del presente para levantar su futuro.